Mes: noviembre 2010

  • Heredero de la Alquimia por David Mateo

    por David Mateo

    HEREDERO DE LA ALQUIMIA

    (Heredero de la alquimia, 2010)
    David Mateo

    Editorial Ilarión
    Colección Serie Fantasía

    © Elena Dudina ilustración portada
    © Pablo Uría Díez ilustración mapa interior
    1ª Edición, Octubre 2010

    Género: Novela – Fantástico – Seres fantásticos / dioses / alquimia / magia / aventuras
    ISBN: 9788493802448
    655 Páginas

    Contraportada

    El equilibrio del mundo está a punto de romperse. Elohím creó en la antigüedad los moldes divinos de las razas que pueblan los remotos dominios de Pangea y los dispersó a su voluntad. Muchos siglos después, extrañas criaturas asaltan las playas del Valle del Siddim y propagan la muerte entre los recolectores de asfalto que pueblan el Mar de la Sal.

    La maestra sunu Neferet y su fiel discípulo Akbeth se embarcan en una cruzada que les llevará desde las fastuosas urbes de Sodoma y Gomorra hasta lo más profundo de Mesopotamia en busca de una verdad que podría sacudir los cimientos del mundo que conocen.

    Embárcate con David Mateo en una aventura inolvidable por los recovecos de nuestra historia. Un mundo de egipcios y sumerios donde la sangre empaña la tierra del desierto y amenaza con llegar hasta los mismísimos cimientos de Jericó.

    Opinión Personal

    Más, más, más… quiero más. Este es un resumen bastante aproximado de lo que me ha parecido el libro. Esta novela es David Mateo, pero un David más grande, mejor. En sus propios términos: avasallador, apabullante, ominoso. Es una maravilla ver como un autor crece, y este que tenemos entre manos es mucho más que un «refaita» de su libro.

    Heredero de la Alquimia es una obra que parece el cimiento de algo mucho mayor. Cuando uno la lee se da cuenta de que David tiene mucho más de lo que ha escrito. Es completa, como historia y como Historia. Ya nos avisan al principio que el autor ha jugado con las fechas, con los nombres… como un verdadero alquimista, pero quién puede decir qué o cómo pasan y pasaron las cosas.

    La novela tiene una prosa fácil de leer -algo con mucho mérito debido a las muchas y buenas descripciones-, y unos diálogos apasionantes y auténticos. Es creíble; las cosas que nos cuenta y cómo nos las cuenta David, y eso es un mérito tratándose de una novela que por su profusión de personajes e historias es casi inabarcable.

    También es inesperada. En los tiempos que corren, es difícil escribir algo que no esté escrito o que no esperemos que pase. David me sorprendió en dos o tres ocasiones, y eso, a estas alturas no es imprescindible, pero es maravilloso.

    No sé que más añadir, me quedo sin palabras, me pierdo en esta reseña como un cultista inexperto podría hacerlo en la búsqueda de Sion. Son tantas y tan buenas sensaciones que uno se «revuelve sobre sí mismo» para encontrar una forma de transmitirlo.

    En fin, no escribo más que creo que no haría más que liarme. ¡Enhorabuena, David!

    Recomendación: Fuera de Ranking! ¡Léela, léela!

  • Quien tenga ojos para leer, que lea.

    Os transcribo un artículo que acaba de caer en mis manos:

    Pedro Fernández Vicente

    Como inicio de mi reflexión, tengo que decir que no soy funcionario. Me dedico al periodismo como profesión y no estoy en situación de excedencia de ningún ministerio, pero me parece indigno lo que ‘algunos’, y lo digo en tono despectivo, están haciendo en contra de una profesión como la de funcionario, aprovechando la propaganda de ZP, para crear ese escenario necesario que le permita bajarlos el sueldo sin adhesiones populares, ni solidaridad. Una buena fórmula para no perder votos, que es lo que realmente le interesa.

    Funcionario no se es por casualidad, como trabajador del Corte Inglés, de Philips, de Seat o de MoviStar. No. Trabajar en estas empresa, puede ser el resultado de una coincidencia o de una oportunidad. El trabajador funcionario, como los jueces, los médicos de la SS, Inspectores de Sanidad, de Hacienda, policías o bomberos, lo elije, espera a que se convoquen las plazas, las prepara en largas jornadas de estudios durante 2, 3, 4……o vaya vd. a saber cuantos años, y finalmente se enfrenta a unos exámenes duros, donde lo haya y en competencia con unos cuantos miles de candidatos. No es, por tanto, un trabajo casual. Es elegido y, por cierto, los españoles que quieran, ahí tienen las oposiciones. No es preciso envidiar a nadie, todos podemos ser funcionarios.

    Esos que tanto gritan en contra de quienes mueven la administración, y a quienes debemos agradecer los progresos demostrados en los últimos años y el nivel de engrase en que la mantienen y consiguen que funcione, a pesar de algunos gobiernos, alcaldes, responsables de comunidades autónomas y políticos en general, no chillaban, hace unos años, cuando empresarios; pequeños, medianos y grandes, mantenían ingresos que se incrementaban hasta en un 20% cada año; estudios de arquitectos que no podían atender tantas peticiones como llegaban a sus despachos; vendedores de distintos sectores, que invertían en apartamentos en las playas; autónomos atentos a las bolsas, donde metían esos dineros extras que llegaban a sus cuentas, y todo gracias al momento económico que vivíamos. Un momento de alegrías de las que los funcionarios no han disfrutado, y que este Presidente del Gobierno se ha encargado de situar tan cerca del precipicio que es preciso rebajar el sueldo a unos trabajadores, como son los de la administración. Y todo, porque el responsable de proteger sus intereses, como empresario que es el Estado, se lo ha gastado en subvenciones, más o menos necesarias. Un Presidente que siendo candidato negó las necesidades que se avecinaban y no dudó en regalar aquellos 400 Euros, que le ayudaron a ganar unas elecciones y que, visto lo visto, se los estaba quitando al sagrado sueldo de unos cuantos miles de trabajadores contribuyentes. ¿Qué pasaría si lo hubiese hecho el Corte Inglés y no pudiera pagar a sus trabajadores? o ¿Sony?, o fuesen los empleados del Banco Santander los que tuvieran que aceptar, como trágala, un descenso de los sueldos.

    Recordemos que mientras la economía se mantuvo en aquellos niveles que tuvimos y que ahora han dilapidado, para los funcionarios, no hubo incrementos del 10%, ni del 7, ni siquiera de ese 5 de media, que ahora les quitan. Si hubo quien lo ganó, pero no los funcionarios. ¿por qué alguno de esos que tanto jalean la medida no devuelven algo de lo mucho que han ganado?. Se trata de solidaridad ¿no?. Pues eso afecta a todos.

    Y lo dicho: si alguien quiere ser funcionario, por los altos sueldos que ganan, no tiene más que apuntarse y estudiar las oposiciones, pero, creo, que muchos de los chillones de ahora, no podrían aprobar jamás esos exámenes. Quizá esa es la cuestión