ECDD. Elige tu destino. Capítulo 3.

Tú eres testaruda, pero el capitán lo es más aún. Le harás caso y bajarás a las dársenas para dar su mensaje… ¡No! ¡Qué diantres! Tú eres quien se está enfrentando a esta situación y tú eres quien tomará la decisión. Lo tienes claro. Has recordado un hechizo que aprendiste en la escuela y que puede ayudarte ahora mismo.

            Sueltas tu mochila de la espalda, te arrodillas frente a la puerta y la dejas en el suelo. La abres y sacas tu libro de hechizos: un cuaderno forrado de cuero de tamaño cuartilla donde se encuentran tus más preciados tesoros. Haces memoria. Estabas a punto de terminar el curso, de hecho, es un hechizo que muy pocos pueden hacer, a ver… ¡Aquí está!

Rewa
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Hechizo de Protección contra la Enfermedad

Este hechizo permite al lanzador proyectar un aura protectora alrededor del objetivo. Esta aura lo protegerá durante doce horas de cualquier tipo de enfermedad, ya sea vírica, bacteriana o mágica. Si el hechizo se realiza de forma consecutiva, durante un mes, esta protección se hace permanente durante todo el año. No es aplicable a enfermedades ya existentes.

Para que el hechizo se haga efectivo, el lanzador debe susurrar “inmune” y el hechizo surtirá efecto de forma inmediata.

            —Inmune

            —¡Capitán! —exclamas—. ¡Capitán!

            —¿Todavía estás aquí? —la voz indignada de Garrat te hace sonreír—. ¿Qué os enseñan en la escuela hoy en día!

            —Tranquilo, capitán —dices todo lo templada que puedes para tratar de calmarlo—. Acabo de hacerme inmune a cualquier enfermedad que estéis padeciendo. Ni virus, ni bacteria ni magia pueden hacerme daño ahora.

            Después de tu parrafada, el silencio se adueña del ambiente. Sabes lo que está pensando, tienes que darle un poco de espacio.

            —¿No queda nadie en la nave? —pregunta por fin—. ¿Nadie?

            Puedes mentirle, pero no tienes necesidad, así que decides contarle la verdad.

            —No lo sé —empiezas—. Desde que vine de la sala de control no he visto a nadie, pero no he estado en todos los lugares de la estación.

            —No podemos…

            —Pregúntale al ordenador de abordo. Que haga un escáner o algo…

            —¡Claro! —exclama—. Definitivamente este maldito bicho me ha comido la sesera. Ordenador: análisis de actividad vital en la estación.

            “Realizando”

            Durante unos instantes el silencio más absoluto vuelve a hacerse dueño del lugar.

            “Análisis negativo”

            —Tú ganas —escuchas por fin.

            Un sonido a descompresión seguida de un pop grave precede a la apertura de la puerta. Poco después, el capitán Garrat se presenta ante ti. Se trata de un hombre mayor, alto y delgado con el pelo rubio canoso. Aun así, y a pesar de estar enfermo, proyecta un aura de mando extraordinaria.

            —Y tus compañeros… —te atreves a balbucear.

            —Están hibernando. Era la única solución. Yo estoy mejor, así que he de suponer que estoy pudiendo con la infección. —Detiene su voz grave y cansada, y continua—. El teniente Logan murió. El fue el paciente cero.

            Asientes, sin saber muy bien qué decir o qué hacer. Sin embargo, el capitán no te deja regodearte.

            —Quieres saber qué paso —no es una pregunta.

            Vuelves a asentir

            —Es una larga historia, pero no tenemos tiempo —parece pensativo, pero al final continúa—. Dado que eres una alumna preparada de la escuela, creo que voy a contarte algo, y tú decidirás después lo que hacer.

            Te estás poniendo nerviosa, no esperabas nada de lo que está pasando, pero es lo que te toca vivir.

            —El virus, pues de eso se trata, proviene de un contenedor situado en el almacén de la estación. Llegó en una nave de carga, y aquí está lo raro, cuyo único pasajero era el teniente Logan —el capitán respira hondo, como buscando fuerzas—. Ese contenedor está aquí y creo que debemos examinarlo.

            Las palabras de Garrat caen sobre ti como un jarro de agua fría. ¿Dónde quedó lo de ir a avisar al Palacio de Plata? ¿Es todo esto parte del examen o está pasando en realidad? ¡Por todos los dioses!

            —¿Qué me dices, niña?

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