Al terminar cada misión (unidad) en mi clase de sexto de primaria, suelo hacer una autoevaluación donde aprendo cuál es la percepción de los alumnos sobre lo que aprenden. Lejos de lo que uno pudiera pensar, sus respuestas son bastante conservadoras.
Y resulta que hoy era final de unidad. Además, llevamos unos días en los que el ambiente de la clase está un poco raro: mucho jaleo, algunos tacos y, en particular, faltas de respeto de algunos alumnos a la clase y a mí mismo. Alumnos que, por otro lado, no suele hacer esas cosas.
Por eso, cuando les he hecho las preguntas de autoevaluación, las he orientado hacia estos problemas y las respuestas han sido reveladoras: desde somos niños, somos así, no podemos evitarlo, estamos sentados con los amigos hasta -y esto es lo que me ha afectado profundamente- las dos que paso a relatar:
- Preferimos el método tradicional
¿Qué quiere decir esto? Pues que piensan que no están aprendiendo (aunque los resultado demuestren lo contrario), que no van a ir preparados al instituto y que hay que mandar deberes y exámenes para poder estar preparados. Algunas de estas opiniones son más de sus padres que de ellos, pero muchos lo piensan así realmente.
¿Preferís estar tres horas todos los días estudiando y haciendo deberes antes que trabajar en clase y leer una hora y cuarto en casa? La respuesta de muchos de ellos ha sido afirmativa. No me lo podía creer.
Sin embargo, la siguiente opinión de una niña, que ha sido después secundada por algunos más ha sido la que me hace replantearme todo:
2. Maestro, no te vemos como un maestro, te vemos como a un niño porque siempre estamos jugando.
Y esto es lo que me ha matado. Los que me conocéis, sabéis que mi método implica jugar. Es un proyecto gamificado, es decir, un juego en sí mismo con el que pretendemos aprender y, contra todo pronóstico, aprendemos. Pero, si los niños no me ven como a un maestro, sino como a un igual, entonces, hemos fracasado. No me puedo permitir ser el igual de mis alumnos. Puedo ser un apoyo, un consejero, puntualmente un amigo, pero ante todo, debo ser su maestro, no otro alumno más.
¿Método tradicional? No, eso lo tengo claro. Sin embargo, esta situación me ha hecho replantearme muchas cosas. Nunca seré un maestro tradicional, pero me temo que la Escuela de Caballeros y Damas de Dragón tendrá que echar el cierre temporalmente. Su maestro ha de hacer cursos de formación para dejar de ser niño…
Un saludo. El maestro Pedro. (Sridêr se tuvo que ir de retiro terapéutico).






Deja un comentario