Otis is the kindest person I have ever met. He is always happy and helping his mates. He is a hard worker and very polite. When he is at ease in class, he is able to dance as a professional making all of us as happy as he.
Otis is English and has to face the classes in Spanish. He is a superhero.
My pleasure to be your teacher.
Ahora es el turno de Otis.
Otis es la persona más atenta que he conocido nunca. Siempre está feliz y ayudando a sus compañeros. Siempre trabaja a tope y es muy educado. Cuando está a gusto en clase, es capaz de bailar como un profesional, haciéndonos tan felices como él.
Otis es inglés y tiene que afrontar las clases en español. Es un superhéroe.
¿Qué vas a hacer si no? Recuerdas a tu amigo Floren y lo que estaría diciendo en este momento: Deja a los p* virus y vámonos a casa. Sonríes, seguro que diría eso, pero iría contigo a investigar el contenedor.
—¡Vamos! —exclamas por fin—. Vamos antes de que me arrepienta.
El capitán Garrat sonríe con la mirada, que no con sus labios y comienza la marcha. Conforme avanza camino, parece que gana fuerzas y, a los pocos minutos, ya parece totalmente recuperado. No dejas de pensar que esto es una prueba, pero conforme pasa el tiempo, las cosas te parecen demasiado reales.
—No sabemos lo que vamos a encontrar —la voz del capitán se cuela entre la nebulosa de tus pensamientos. No sabes si ha dicho algo más, pero tu asientes, siguiéndole el juego—. Puede que sea un cargamento contaminado, algo en los conductos de ventilación de la nave o…
¡Uy, uy, uy! Esa “o” en el aire te ha hecho temer lo peor. Y Garrat ahí la deja. Parece que quiere que le preguntes.
—¡O qué! —chillas a punto de perder los nervios—. ¡Qué me voy a encontrar ahora?
O puede que haya una criatura extraterrestre que sea la causante de todo esto.
Por un momento te lo tomas en serio, pero luego recuerdas que el ordenador de abordo ha dicho que no había signos vitales en la estación.
—El ordenador ha dicho que no hay signos vitales en la estación.
—Los virus no son seres vivos —apunta el capitán—. Creo que hay algún tipo de organismo extraterrestre que nos ha infectado a todos y…
—¿Y piensas que hay un virus gigante, mandando nano virus para conquistar el mundo?
Casi te ríes, casi… porque el capitán Garrat está asintiendo a cada una de tus palabras.
—¡Venga! —insistes.
—¿Tan descabellado te parece? —Sí te lo parece. Claro que te lo parece. Un virus gigante conquistando el universo infectando…—. Una elfa, dama de dragón y conocedora de la magia del universo. ¿Sí?
Sigues pensando que es una locura, pero desde luego, una locura que podría tener sentido.
Los últimos metros del trayecto los hacéis en silencio. El descreimiento está dando paso a la sospecha, y ésta esta dejando su hueco para el miedo. ¡Por el Glaciar, que está harta de todo!
—Hemos llegado.
Efectivamente, habéis llegado. Estáis en frente a una puerta enorme en uno de los laterales de las dársenas.
STORE 01.
—Ordenador. Abrir —dice el capitán.
“Abriendo”
Las dos hojas de la puerta se deslizan hacia los lados sin hacer ruido, dejando a la vista un corredor de unos veinte metros con dos puertas a cada lado.
—Está en la puerta 2 —anuncia Garrat—. Dentro hay varios contenedores. El teniente Logan se las arregló para colocarlo en su lugar, no sé cómo, pero ahí está. ¿Entramos?
Estamos llegando casi al final de mis alumnos. Hoy le toca a Patricia.
Estar con Patricia en clase es, muchas veces, como estar con una compañera más que con una alumna. Patri es muy madura para su edad, y eso a veces le pasa factura. Sin embargo, es una niña muy especial con muchísimas capacidades. Muchas más de las que ella misma piensa.
Es una lider nata a la que le vendrá muy bien descubrir nuevos horizontes el año que viene en el instituto. Patri, te voy a echar mucho de menos.
Lucía es una niña llena de vitalidad, energía y alegría que no se deja contagiar de malos rollos y vive siempre feliz. Es trabajadora, inteligente y buena compañera. Además, si tienes el tiempo y caes en observarla durante un ratito, no puedes evitar sonreír y envidiar un poquito (siempre desde el cariño) lo bien que se lo pasa siempre.
Lucía eres la salsa de todas la fiestas. Un placer haber sido tu tutor durante estos años.
Tú eres testaruda, pero el capitán lo es más aún. Le harás caso y bajarás a las dársenas para dar su mensaje… ¡No! ¡Qué diantres! Tú eres quien se está enfrentando a esta situación y tú eres quien tomará la decisión. Lo tienes claro. Has recordado un hechizo que aprendiste en la escuela y que puede ayudarte ahora mismo.
Sueltas tu mochila de la espalda, te arrodillas frente a la puerta y la dejas en el suelo. La abres y sacas tu libro de hechizos: un cuaderno forrado de cuero de tamaño cuartilla donde se encuentran tus más preciados tesoros. Haces memoria. Estabas a punto de terminar el curso, de hecho, es un hechizo que muy pocos pueden hacer, a ver… ¡Aquí está!
Este hechizo permite al lanzador proyectar un aura protectora alrededor del objetivo. Esta aura lo protegerá durante doce horas de cualquier tipo de enfermedad, ya sea vírica, bacteriana o mágica. Si el hechizo se realiza de forma consecutiva, durante un mes, esta protección se hace permanente durante todo el año. No es aplicable a enfermedades ya existentes.
Para que el hechizo se haga efectivo, el lanzador debe susurrar “inmune” y el hechizo surtirá efecto de forma inmediata.
—Inmune
—¡Capitán! —exclamas—. ¡Capitán!
—¿Todavía estás aquí? —la voz indignada de Garrat te hace sonreír—. ¿Qué os enseñan en la escuela hoy en día!
—Tranquilo, capitán —dices todo lo templada que puedes para tratar de calmarlo—. Acabo de hacerme inmune a cualquier enfermedad que estéis padeciendo. Ni virus, ni bacteria ni magia pueden hacerme daño ahora.
Después de tu parrafada, el silencio se adueña del ambiente. Sabes lo que está pensando, tienes que darle un poco de espacio.
—¿No queda nadie en la nave? —pregunta por fin—. ¿Nadie?
Puedes mentirle, pero no tienes necesidad, así que decides contarle la verdad.
—No lo sé —empiezas—. Desde que vine de la sala de control no he visto a nadie, pero no he estado en todos los lugares de la estación.
—No podemos…
—Pregúntale al ordenador de abordo. Que haga un escáner o algo…
—¡Claro! —exclama—. Definitivamente este maldito bicho me ha comido la sesera. Ordenador: análisis de actividad vital en la estación.
“Realizando”
Durante unos instantes el silencio más absoluto vuelve a hacerse dueño del lugar.
“Análisis negativo”
—Tú ganas —escuchas por fin.
Un sonido a descompresión seguida de un pop grave precede a la apertura de la puerta. Poco después, el capitán Garrat se presenta ante ti. Se trata de un hombre mayor, alto y delgado con el pelo rubio canoso. Aun así, y a pesar de estar enfermo, proyecta un aura de mando extraordinaria.
—Y tus compañeros… —te atreves a balbucear.
—Están hibernando. Era la única solución. Yo estoy mejor, así que he de suponer que estoy pudiendo con la infección. —Detiene su voz grave y cansada, y continua—. El teniente Logan murió. El fue el paciente cero.
Asientes, sin saber muy bien qué decir o qué hacer. Sin embargo, el capitán no te deja regodearte.
—Quieres saber qué paso —no es una pregunta.
Vuelves a asentir
—Es una larga historia, pero no tenemos tiempo —parece pensativo, pero al final continúa—. Dado que eres una alumna preparada de la escuela, creo que voy a contarte algo, y tú decidirás después lo que hacer.
Te estás poniendo nerviosa, no esperabas nada de lo que está pasando, pero es lo que te toca vivir.
—El virus, pues de eso se trata, proviene de un contenedor situado en el almacén de la estación. Llegó en una nave de carga, y aquí está lo raro, cuyo único pasajero era el teniente Logan —el capitán respira hondo, como buscando fuerzas—. Ese contenedor está aquí y creo que debemos examinarlo.
Las palabras de Garrat caen sobre ti como un jarro de agua fría. ¿Dónde quedó lo de ir a avisar al Palacio de Plata? ¿Es todo esto parte del examen o está pasando en realidad? ¡Por todos los dioses!
Alba es una alumna callada, tímida a pesar de lo myor que parece. Por eso, a veces esa timidez puede llevar a engaño. Porque Alba es una alumna llena de energía que tiene las ideas muy claras y a la que le gusta hacer las cosas bien.
Es una excelenta compañera de grupo y arrima el hombro como la que más y, aunque los idiomas no le gustan demasiado, es una alumna excelente. Tanto que me encanta tenerla en clase y gastarle alguna broma de vez en cuando, aunque ella no se queda atrás.
Gracias, Alba por se como eres en clase. Un placer haber sido tu tutor durante estos años.
Chic@s aquí tenéis el examen de mates. Se trata de hacer reglas de tres, calcular porcentajes y ordenar. Puede ser tedioso, pero sabéis todos hacerlo. ¡Ánimo!