Etiqueta: personal

  • Noah. Quiero un abrazo

    Noah. Quiero un abrazo

    Hoy quiero hablaros de Noah. Noah es un niño de siete años de mi clase de primero. Es cariñoso, divertido, inquieto, juguetón y, aunque es difícil de llevar a veces. Cuando él no está la clase no es la misma: más tranquila, menos estresante, pero infinitamente menos feliz.

    Y es que, Noah tiene un trastorno del espectro autista (TEA). Cuando a principios de curso supe que iba a estar en mi clase, me alegré, mucho. Pero hice trampa y por eso me alegré tanto. Me explico. Conocí a Noah cuando estaba en infantil. No sé el motivo, pero conectamos desde el primer momento; nos gusta la música, nos encontramos bien el uno con el otro y nos divertimos mucho. Por eso, cuando este curso me tocaba cambiar de ciclo, vi que tenía muchas posibilidades de que me dieran la tutoría de primero y con ella a Noah. Entonces empecé a preocuparme: una cosa era llevarme bien con un niño y otra muy diferente dar clase a un niño autista. Y en ese momento, todos los viejos tópicos sobre el autismo pasaron por mi cabeza. Decidí formarme, hablar con mi compañera de Pedagogía Terapéutica (PT) y aprender lo que pudiera en ese corto espacio de tiempo para estar preparado.

    En una semana, mis miedos se convirtieron en alegría: no sería fácil trabajar con Noah, pero no más difícil que con cualquier otro niño. Las semanas fueron meses y, con el paso del tiempo, me di cuenta de lo poco que se sabe (o se quiere saber sobre el autismo). Con la ayuda de mis compañeros, Noah va progresando, a veces más rápido, a veces más lento. Pero lo que tengo muy claro es que, de momento no tiene límites y trabajaremos para que no los tenga.

    Soy consciente de que hay muchos retos por delante, para mí, pero sobre todo para Noah y su familia (su gran apoyo y pieza angular del gran niño que es). Su madre es una luchadora nata y gracias a ella, estamos viendo muchos progresos.

    En fin, para terminar, que me voy liando y no tengo fin. Quería aprovechar esta pequeña entrada para agradecer a la vida que haya puesto a Noah en mi camino, porque cada día me llena de tanta energía y alegría, que las dificultades dejan de ser tan difíciles.

    Siempre espero con impaciencia el momento del día en que viene hacia a mí, con su mirada de bribón y me dice: 

    -Maestro Pedro, quiero un abrazo.

    Entonces, me derrito y con toda mi energía recibo y doy ese abrazo tan maravilloso que la vida me ofrece.

    Un gran abrazo a todos.

  • El oficio de escribir

    El oficio de escribir

    En este mundo literario en el que vivimos, el oficio de escribir ha sido definido de muchos modos. Abunda el pesimismo entre escritores, que se quejan de que no se valora su trabajo, que la editoriales pasan de los buenos escritores, que el mundillo es cruel. No soy yo de los que me quejo, y esta ocasión no va a ser diferente, pero es cierto que, a veces, uno pierde la moral y amenaza con mandarlo todo al garete (expresión que he leído infinidad de veces y queda un poco cursi, creo).

    Cuando terminas una obra, después de haber pasado por los lectores de confianza, empiezas a moverla para intentar publicarla. Antaño lo hacía así, con la esperanza de encontrar una editorial que avalara mi trabajo y apostara por mí. Ahora no siempre me parece lo más adecuado, sobre todo, dependiendo de las características de la obra. Lo cierto es que con este proceso se curte al escritor para futuros fracasos: rechazos, decepciones, valoraciones condescendientes, excusas de guión y, a veces, incluso recomendaciones de no mover más la obra porque no vale la pena. En esos momentos, tras un caída dolorosa, es cuando saco mi resistencia y mi autoestima para levantarme y seguir adelante. Generalmente, vives esos momentos en soledad, y más adelante pueden pasar dos cosas: la obra rechazada vive sin pena ni gloria en los almacenes de la autoedición o, independientemente del número de ventas, esa obra se alza sobre sus cenizas y vive en la mente de unos pocos.

    Y esto, afortunadamente, es lo que ha pasado con Talia, la Brujita y el Espejo. Puede que nunca sea un superventas, pero, después de ver a una treintena de padres y niños disfrutando con las ilustraciones que David Agundo les dedicaba en sus libros, después de ver como reinaba un silencio absoluto durante la lectura del primera capítulo, como en clase, mis alumnos venían para decirme lo que les había gustado el cuento, después de escuchar las valoraciones de algunos compañeros maestros… Después de eso; estoy feliz.

    Os dejo lo que me escribía una compañera de carrera de magisterio de Jaén tras leer el cuento para ilustrar mi idea:

    «Me he leído el libro este finde. ¡Me ha encantado! Me he reído mucho también. Es muy divertido, ameno y didáctico. Quiero otro para regalarlo en Reyes».

    Gracias, Nieves. No sabes cuánto me han llenado tus palabras.

    En fin, solo quería contarlo. Un saludo a todos.