Estamos llegando casi al final de mis alumnos. Hoy le toca a Patricia.
Estar con Patricia en clase es, muchas veces, como estar con una compañera más que con una alumna. Patri es muy madura para su edad, y eso a veces le pasa factura. Sin embargo, es una niña muy especial con muchísimas capacidades. Muchas más de las que ella misma piensa.
Es una lider nata a la que le vendrá muy bien descubrir nuevos horizontes el año que viene en el instituto. Patri, te voy a echar mucho de menos.
Lucía es una niña llena de vitalidad, energía y alegría que no se deja contagiar de malos rollos y vive siempre feliz. Es trabajadora, inteligente y buena compañera. Además, si tienes el tiempo y caes en observarla durante un ratito, no puedes evitar sonreír y envidiar un poquito (siempre desde el cariño) lo bien que se lo pasa siempre.
Lucía eres la salsa de todas la fiestas. Un placer haber sido tu tutor durante estos años.
Tú eres testaruda, pero el capitán lo es más aún. Le harás caso y bajarás a las dársenas para dar su mensaje… ¡No! ¡Qué diantres! Tú eres quien se está enfrentando a esta situación y tú eres quien tomará la decisión. Lo tienes claro. Has recordado un hechizo que aprendiste en la escuela y que puede ayudarte ahora mismo.
Sueltas tu mochila de la espalda, te arrodillas frente a la puerta y la dejas en el suelo. La abres y sacas tu libro de hechizos: un cuaderno forrado de cuero de tamaño cuartilla donde se encuentran tus más preciados tesoros. Haces memoria. Estabas a punto de terminar el curso, de hecho, es un hechizo que muy pocos pueden hacer, a ver… ¡Aquí está!
Este hechizo permite al lanzador proyectar un aura protectora alrededor del objetivo. Esta aura lo protegerá durante doce horas de cualquier tipo de enfermedad, ya sea vírica, bacteriana o mágica. Si el hechizo se realiza de forma consecutiva, durante un mes, esta protección se hace permanente durante todo el año. No es aplicable a enfermedades ya existentes.
Para que el hechizo se haga efectivo, el lanzador debe susurrar “inmune” y el hechizo surtirá efecto de forma inmediata.
—Inmune
—¡Capitán! —exclamas—. ¡Capitán!
—¿Todavía estás aquí? —la voz indignada de Garrat te hace sonreír—. ¿Qué os enseñan en la escuela hoy en día!
—Tranquilo, capitán —dices todo lo templada que puedes para tratar de calmarlo—. Acabo de hacerme inmune a cualquier enfermedad que estéis padeciendo. Ni virus, ni bacteria ni magia pueden hacerme daño ahora.
Después de tu parrafada, el silencio se adueña del ambiente. Sabes lo que está pensando, tienes que darle un poco de espacio.
—¿No queda nadie en la nave? —pregunta por fin—. ¿Nadie?
Puedes mentirle, pero no tienes necesidad, así que decides contarle la verdad.
—No lo sé —empiezas—. Desde que vine de la sala de control no he visto a nadie, pero no he estado en todos los lugares de la estación.
—No podemos…
—Pregúntale al ordenador de abordo. Que haga un escáner o algo…
—¡Claro! —exclama—. Definitivamente este maldito bicho me ha comido la sesera. Ordenador: análisis de actividad vital en la estación.
“Realizando”
Durante unos instantes el silencio más absoluto vuelve a hacerse dueño del lugar.
“Análisis negativo”
—Tú ganas —escuchas por fin.
Un sonido a descompresión seguida de un pop grave precede a la apertura de la puerta. Poco después, el capitán Garrat se presenta ante ti. Se trata de un hombre mayor, alto y delgado con el pelo rubio canoso. Aun así, y a pesar de estar enfermo, proyecta un aura de mando extraordinaria.
—Y tus compañeros… —te atreves a balbucear.
—Están hibernando. Era la única solución. Yo estoy mejor, así que he de suponer que estoy pudiendo con la infección. —Detiene su voz grave y cansada, y continua—. El teniente Logan murió. El fue el paciente cero.
Asientes, sin saber muy bien qué decir o qué hacer. Sin embargo, el capitán no te deja regodearte.
—Quieres saber qué paso —no es una pregunta.
Vuelves a asentir
—Es una larga historia, pero no tenemos tiempo —parece pensativo, pero al final continúa—. Dado que eres una alumna preparada de la escuela, creo que voy a contarte algo, y tú decidirás después lo que hacer.
Te estás poniendo nerviosa, no esperabas nada de lo que está pasando, pero es lo que te toca vivir.
—El virus, pues de eso se trata, proviene de un contenedor situado en el almacén de la estación. Llegó en una nave de carga, y aquí está lo raro, cuyo único pasajero era el teniente Logan —el capitán respira hondo, como buscando fuerzas—. Ese contenedor está aquí y creo que debemos examinarlo.
Las palabras de Garrat caen sobre ti como un jarro de agua fría. ¿Dónde quedó lo de ir a avisar al Palacio de Plata? ¿Es todo esto parte del examen o está pasando en realidad? ¡Por todos los dioses!
Alba es una alumna callada, tímida a pesar de lo myor que parece. Por eso, a veces esa timidez puede llevar a engaño. Porque Alba es una alumna llena de energía que tiene las ideas muy claras y a la que le gusta hacer las cosas bien.
Es una excelenta compañera de grupo y arrima el hombro como la que más y, aunque los idiomas no le gustan demasiado, es una alumna excelente. Tanto que me encanta tenerla en clase y gastarle alguna broma de vez en cuando, aunque ella no se queda atrás.
Gracias, Alba por se como eres en clase. Un placer haber sido tu tutor durante estos años.
Chic@s aquí tenéis el examen de mates. Se trata de hacer reglas de tres, calcular porcentajes y ordenar. Puede ser tedioso, pero sabéis todos hacerlo. ¡Ánimo!
Tienes que reconocer que has estado tentada de buscar las lanzaderas en el mapa. Tu instinto te pide huir, pero tu entrenamiento, tu corazón y tu cabeza saben que tienes que buscar al capitán. La idea de encontrar a la tripulación que queda en la estación se te ha metido en la cocorota.
—Hospital —ordenas por fin.
“Hospital”
Frente a ti aparece un holograma del mapa completo de la estación. Un punto parpadea en azul, en el panel de control; esa eres tú. Otro punto rojo parpadea en el extremo opuesto. Hay marcada una ruta en verde que une los dos puntos. Memorizas todos y cada uno de los detalles y comienzas tu marcha.
Estás frente a la puerta situada a la izquierda de la consola de mando. Está cerrada, pero ya crees saber cómo funciona la estación.
—Abrir —ordenas.
“Abrir”
La hoja se desliza hacia un lado con rapidez, dejándote el camino libro para seguir tu ruta. En apenas unos minutos, tienes frente a ti la puerta que andabas buscando: Camarote Médico.
—Abrir —repites de forma tan cansina como en las últimas doce veces
“Negativo”
La voz del ordenador de abordo te sorprende. No esperabas esto. ¿Qué puede suceder?
—Abrir —dices ahora con más gana.
“Negativo” “Protocolo de aislamiento”
¡Claro! ¿Cómo has podido ser tan despistada! Hay una posible epidemia en la nave, el capitán y los médicos deben de haberse aislado en la habitación.
Tienes que conseguir entrar en el camarote o, al menos, que los que están dentro reparen en ti. Pruebas con golpes, gritos, arañazos… nada parece funcionar hasta que, de repente, se te ocurre algo que quizá pueda funcionar.
—¡Ordenador! —Llamas con esperanza.
“Esperando órdenes”.
Sientes alivio y la emoción empieza a recorrer tus venas.
—Comunicación con el camarote médico.
“Llamando…”
Esperas unos segundos que se hacen eternos hasta que al final, un hilo de voz suena a través de los altavoces del ordenador de la estación.
—¿Sí? ¿Ha venido la flota de Theleros?
—No… —balbuceas—. Soy una estudiante de la Escuela de Caballeros y Damas de Dragón, estoy de examen final y…
—¿Cómo! —la voz al otro lado parece recuperar la energía—. ¿Eres amiga de Bastian y de D’horim?
Conoce a los maestros Bastian y D’horim, cómo es posible… El pensamiento hace que desconectes de forma temporal de todo lo que te rodea. Cuando vuelves en ti te das cuenta de que estás musitando un sí apenas audible.
—Entonces seguro que puedes ayudarme —oyes a la voz decir con vehemencia—. No te detengas conmigo. Ve a las dársenas de carga, coge una nave de abastecimiento y ve al Palacio de Plata, en Theleros. Cuéntales lo que está pasando aquí.
—Pero… —dudas—. ¿Y vosotros qué?
—Nosotros llevamos quince días aquí, pero hasta que no lleguemos a cuarenta no podemos salir. Es demasiado peligroso.
—Pero, ¿tenéis todo lo que necesitáis? ¿Cuántos sois? ¿Estáis bien?
Durante unos segundos no obtienes respuesta. De repente, ésta llega nuevamente con un hilo de voz.
—Lo importante es que no contagiemos a nadie.
Deduces que morirán. Bien por la enfermedad, bien por la falta de agua o alimentos. Tal vez por una combinación de ambas. Nuevamente te asalta la duda. ¿Qué hacer? En tu libro de hechizos tal vez encuentres algo que pueda ayudarte, y es evidente que más tarde o más temprano tendrás que buscar esa nave. La cuestión es, ¿dejarás a la tripulación y al capitán Garrat a su suerte o intentarás ayudarles?
—¡Escúchame, niña! —interrumpe una voz tus pensamientos—. No te hagas la heroína. No mueras por nuestra culpa. Lo primero es lo primero.
Como si de un resorte se tratara, las palabras del capitán han hecho que tomes una decisión.
Un día más y un estudiante más de mi clase. Cipri /Chipri/
Cipri es un niño fenomemal, super inteligente y muy organizado. Es un bromista. Todavía recuerdo el primer día que me dijo: «Maestro, eres feo». Yo me reí por dentro y le respondí: «Cipri, tú sabes que eso no se lo puedes decir al resto de maestros, ¿no?». El se rio y me respondió: «Sí, pero tú eres feo».
De sobra sabía yo que era su forma de decirme que le caía bien, y me fui muy contento a casa. Ya no me dice eso, ya me dice directamente que le caigo bien y eso me gusta más aún.
Cipri es el alumno más feliz que conozco. Es feliz viendo cómo juego a Clash Royale, jugando a los juegos que le gustan y viendo a sus compañeros jugar. Además es muy trabajador y eso me encanta.