Etiqueta: Peripecias de un maestro

  • Inside out

    Inside out

    Al terminar cada misión (unidad) en mi clase de sexto de primaria, suelo hacer una autoevaluación donde aprendo cuál es la percepción de los alumnos sobre lo que aprenden. Lejos de lo que uno pudiera pensar, sus respuestas son bastante conservadoras.

    Y resulta que hoy era final de unidad. Además, llevamos unos días en los que el ambiente de la clase está un poco raro: mucho jaleo, algunos tacos y, en particular, faltas de respeto de algunos alumnos a la clase y a mí mismo. Alumnos que, por otro lado, no suele hacer esas cosas.

    Por eso, cuando les he hecho las preguntas de autoevaluación, las he orientado hacia estos problemas y las respuestas han sido reveladoras: desde somos niños, somos así, no podemos evitarlo, estamos sentados con los amigos hasta -y esto es lo que me ha afectado profundamente- las dos que paso a relatar:

    1. Preferimos el método tradicional

    ¿Qué quiere decir esto? Pues que piensan que no están aprendiendo (aunque los resultado demuestren lo contrario), que no van a ir preparados al instituto y que hay que mandar deberes y exámenes para poder estar preparados. Algunas de estas opiniones son más de sus padres que de ellos, pero muchos lo piensan así realmente.

    ¿Preferís estar tres horas todos los días estudiando y haciendo deberes antes que trabajar en clase y leer una hora y cuarto en casa? La respuesta de muchos de ellos ha sido afirmativa. No me lo podía creer.

    Sin embargo, la siguiente opinión de una niña, que ha sido después secundada por algunos más ha sido la que me hace replantearme todo:

    2. Maestro, no te vemos como un maestro, te vemos como a un niño porque siempre estamos jugando.

    Y esto es lo que me ha matado. Los que me conocéis, sabéis que mi método implica jugar. Es un proyecto gamificado, es decir, un juego en sí mismo con el que pretendemos aprender y, contra todo pronóstico, aprendemos. Pero, si los niños no me ven como a un maestro, sino como a un igual, entonces, hemos fracasado. No me puedo permitir ser el igual de mis alumnos. Puedo ser un apoyo, un consejero, puntualmente un amigo, pero ante todo, debo ser su maestro, no otro alumno más.

    ¿Método tradicional? No, eso lo tengo claro. Sin embargo, esta situación me ha hecho replantearme muchas cosas. Nunca seré un maestro tradicional, pero me temo que la Escuela de Caballeros y Damas de Dragón tendrá que echar el cierre temporalmente. Su maestro ha de hacer cursos de formación para dejar de ser niño…

    Un saludo. El maestro Pedro. (Sridêr se tuvo que ir de retiro terapéutico).

  • #educaresserfeliz Carta a mis alumnos

    #educaresserfeliz Carta a mis alumnos

    A todos los alumnos que pasaron por mis aulas, a los que están ahora y a los que estarán en el futuro. A todos vosotros va dedicada esta entrada.

    Es una pena que vivamos en un mundo donde la educación ha perdido el norte, porque fuisteis, sois y seréis meros números mientras la situación no cambie. Habéis vivido la tensión de estudiar los exámenes, esperar para recibir la nota y llorar cuando no salía bien. También habéis suspirado cuando la nota era buena, pero habéis vivido una etapa que debería estar destinada a jugar y a pasarlo bien con una presión que no os corresponde. ¡Ánimo! Saldréis adelante, lo sé. Al menos la mayoría de vosotros.

    Siempre nos centramos en lo malo, siempre en las cosas que no podemos arreglar, siempre en lo que otros equivocan. Hoy os pido que cambiemos esta forma de pensar: ¡sed felices! Olvidaos de los malos rollos, disfrutad vuestra infancia, vuestra adolescencia, coged lo mejor de cada persona, de cada maestro, de cada compañero y no os fijéis en sus cosas malas. Lo que no os interese, dejadlo.

    Es cierto que se os pide más que a los adultos, que no se os pasa ni un desliz. Es cierto que la escuela, los deberes, los exámenes, las extraescolares… son demasiado, a veces. Todo eso es cierto, pero también es cierto que debéis esforzaros. No por aprobar y sacar un 7 o un 8, o sacar un positivo aquí o allí. Debéis esforzaos para aprovechar cada oportunidad que se os presente de vivir la vida, de aprender las cosas maravillosas que ofrece y para saber que todo eso tiene un lado oscuro que debéis conocer, para no caer en él.

    Os lo vuelvo a repetir: ¡sed felices! No dejéis que nada os estropeé la felicidad y sabed que, para que vosotros podáis ser, tenéis que permitir que los que están a vuestro alrededor también lo sean.

    Tenéis en vuestro interior un potencial que no puede medirse. El día que os deis cuenta de vuestra fuerza, el mundo entero temblará con vuestro poder.

    Con mucho carino. El Maestro Sridêr.

  • Nada es lo que parece

    Nada es lo que parece

    Hace unos días dejé un pequeño mensaje en Facebook. No tenía ninguna segunda intención, sólo usar ese mensaje como válvula de escape; el estrés es a veces muy peligroso. «No sé si habré equivocado la profesión». Muchos de mis amigos contestaron aquel mensaje, dándome ánimos o, incluso, diciéndome lo buen maestro que soy, o lo mucho que estoy trabajando en el buen camino. No pretendía nada de eso, pero lo agradezco desde lo más profundo. Y es que, creo, la mayoría de ellos no entendió lo que quise decir.

    Nunca dudé, no he dudado hasta la fecha, que ser maestro es mi profesión; nunca pretendí decir eso. Lo que quise expresar con este comentario, es que, tal vez, no tenga que aguantar ciertas cosas que todos los docentes aguantamos más de una vez en clase. Yo aguanto los gritos, el ruido, la falta de esfuerzo… es más, no los aguanto. Es parte de mi profesión, pero lo que me cuesta trabajo digerir son los insultos, las peleas, las intrigas… y, por desgracia, están cada vez más presentes en las clases. Ese era mi velado grito de socorro, mi queja, mi anhelo.

    No es nada grave, no ahora, pero no puedo evitar pensar, que algo no hacemos bien cuando esto es tan habitual. Como siempre digo, no me hagáis mucho caso, no hablo yo, lo hace mi estrés.

    Sigo en la brecha, pero este tipo de cosas hacen mi trabajo un poco más amargo.

    Siempre divagando, siempre dándole al coco.

    Pedro Camacho.