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4070828-un-hombre-de-lanzamiento-de-cohetes-de-fuegos-artificiales-con-las-manosComo se intuye por el título de la entrada, no estoy muy contento esta mañana. La frase “país de pandereta” no debe de ser muy desconocida a estas alturas, y es que, basta con echar un vistazo a nuestro alrededor para darse cuenta de que España es así. Recortamos lo importante y dejamos lo accesorio: así nos va.

Todo esto viene a cuento de una suceso que viví ayer tarde, aderezado por la situación de un pueblo cuyo ayuntamiento no tiene vergüenza. En el proceso que les voy a contar, me enteré de que la policía local ha visto su sueldo rebajado en tres ocasiones, que doblan turno porque no hay suficientes efectivos, que algunos de ellos han sido suspendidos de empleo y sueldo por poner multas de aparcamiento al alcalde -entre otros ediles- y que, además, tienen en muchas ocasiones, el desprecio de sus vecinos porque éstos piensan que pasan la mano con unos y la aprietan fuerte con otros.

Y todo esto empezó cuando, estando con mi familia en la playa ayer por la tarde, a eso de las siete y media o así, un cohete rompió nuestra tranquilidad. Al principio no me di ni cuenta, sin embargo, tras una segunda detonación y fijándome un poco, corroboré que los dichosos cohetes se estaban lanzando desde la playa -justo en medio de ella-, sin espacio entre la zona de lanzamiento y los bañistas y sin un ángulo de lanzamiento que permitiera a los cohetes alejarse. Como consecuencia, uno de esos petardos cayó a menos de medio metro de mi hijo. He de reconocer que me puse como un energúmeno -todo tiene un motivo, otro día contaré esa historia-, y me fui a la velocidad del rayo en busca del gracioso que tiraba los cohetes. Pero, ¡oh, sorpresa!: Era una empresa contratada por el ayuntamiento la que efectuaba los lanzamientos. En el camino de ida hacia los dos hombres que se dedicaban a deleitarnos la tarde, yo no dejaba de rezongar y cabrearme en voz alta, quejándome de las barrabasadas que se hacen en Garrucha. A mi paso, los bañista que estaba cómodamente sentados en sus toallas y hamacas me daban la razón, jaleándome incluso alguno de ellos. Sin embargo, y a pesar del peligro, nadie se levantó a pedir explicaciones.

Los empleados de la empresa de petardos no me hicieron caso. Obviamente, ellos trabajaban, si me hubieran hecho caso, tal vez los hubieran despedido. Y me fui a la policía local a cumplir las amenazas que había proferido con anterioridad. La comisaría: cerrada. Una mini procesión -del patrón del pueblo-, tenía a los guardias ocupados. Los llamé por teléfono y tras darme la razón, me instaron a que presentara una reclamación al día siguiente, porque en ese momento no podían atenderme. (Acabo de venir de hacerlo, y el lunes iré al propio ayuntamiento aunque sé que no servirá de nada).

Volví a la playa, aún muy enfadado y con el corazón a mil por hora: seguían tirando cohetes. Nada más acceder a la arena, me hice con uno de los palos que quedan después del lanzamiento. Es cierto que no era de los “gordos”, pero astillado y con la gravedad (la de la Tierra, digo) podría dañar a alguien. Curiosamente, yacía junto a un parque infantil que hay nada más bajar a la arena. Me enfadé aún más.

Cuando llegué a mi sombrilla, me di cuenta de que los ingenieros lanza cohetes, habían cambiado la ubicación de su lanza proyectiles y su grado de inclinación para que estos se perdieran en el mar (gran hazaña que podían haber pensado antes de poner en peligro la integridad de los bañistas). Sin embargo, el lanza cohetes utilizado y otro de mayor envergadura en funciones de apoyo del primero, estaban al borde de la orilla, al alcance de cualquier niño descuidado que pasara por allí. ¡Así nos va y así quedó la cosa!

¿Ustedes creen que si setecientas personas nos hubiéramos personado hoy para poner una reclamación esto habría quedado así? Pero sólo estaba yo.

Garrucha es un pueblo precioso, pero mientras recortan dinero de todos lados, policía y equipos de limpieza incluidos; colocan pasquines en cada esquina diciendo que no tiremos papeles al suelo (que me parece bien) en lugar de limpiar un pueblo que vive del turismo; se gastan miles de euros en fuegos artificiales (2 fiestas veraniegas y noche vieja) que tiran a las dos de la mañana con el subsiguiente cabreo de vecinos y animales de la zona; donde se cancela el mercado semanal porque los servicios de limpieza están hasta el gorro de la gestión municipal y deciden plantarse porque era día festivo; donde el alcalde aparca en línea amarilla a lado de su casa y ataca a la policía local por cumplir su trabajo; donde este mismo alcalde casi me atropella, junto a mi mujer, adelantando a otro coche en un paso de peatones y con línea continua… en fin. Que hay una incompetencia supina en nuestros dirigentes además de una prepotencia a prueba de bombas y un “pelín” de incultura.

P.D. –> Todo esto está muy bien, pero la pasividad de todas las personas que estuvieron ayer tarde conmigo en la playa es un signo muy claro de lo que está pasando en España (me incluyo en el saco, aunque ayer fui capaz de escapar por unas horas).

P.D2 –> Hace algunos años (según la propia policía local), uno de estos palos de cohete aterrizó en el ojo de una niña que estaba sentada con su familia en una de las terrazas del Paseo del Malecón. Pero no os preocupéis, el Ayuntamiento tiene un seguro de responsabilidad civil que cubre esas cosas. Por cierto, la niña perdió el ojo, ¿cómo se paga eso?